¿Cómo es que esto nos ha pasado?

 Sobre lo ocurrido en Costa Salguero

Ernesto S. Sinatra

Más allá de las necesarias consideraciones que no dejan de hacerse sobre las causas del desencadenamiento de la tragedia, mientras los ciudadanos esperamos que los responsables de la tragedia aparezcan -es decir: comparezcan-, creemos que se tornan necesarias ciertas precisiones para caracterizar el luctuoso acontecimiento, con el objetivo de apuntar a que nunca más -el término no es casual ni menos aún, banal- vuelva a suceder otra desgracia semejante.
A pesar de que pareciera políticamente incorrecto decirlo de este modo, no se trata para nosotros de proceder a ‘demonizar’ a las drogas, sino de tratar de despejar la función que cumplen en la subjetividad actual, para entender no sólo quiénes las usan y por qué, sino sobre todo quiénes se aprovechan de ellas, pero no menos en qué punto de la subjetividad las drogas se instalan.
La época que nos atraviesa vuelve a mostrar uno de sus rasgos paradigmáticos que -hace ya muchos años- hemos caracterizado como la toxicomanía generalizada; es decir, drogas para todos y de todo tipo ofreciendo no sólo una satisfacción inmediata, sino además una promesa de felicidad al alcance de la mano. Por ello, e incluso más allá de las drogas, la operación del mercado es siempre una y la misma: hacer de los individuos, consumidores.
Desde esta perspectiva todo consumo es tóxico, en consonancia con el empuje a las satisfacciones autistas que caracteriza la tendencia actual del mercado. Es que el mercado ofrece siempre otro objeto, uno más y ¡aún otro más! con el que nos promete colmar cada vez más ¡y mejor! esa falla que es constitutiva de nuestra esencia y que nos empuja a querer siempre más. Los especialistas en propaganda, marketing y sub-especies saben hacer uso de las variaciones del deseo humano, que se desliza siempre buscando el objeto que -finalmente- satisfaga.

Chicago, Board of Trade II 1999 by Andreas Gursky born 1955
Chicago, Board of Trade II – Andreas Gursky

Por ejemplo, hoy son las drogas de diseño que potencian este rasgo del mercado, produciendo substancias cada vez más variadas, incluso en ‘laboratorios’ artesanales (es decir, cada vez más fuera de control), las que suelen ser especialmente comercializadas en fiestas electrónicas con iconos y nombres que evocan desde sempiternos super-héroes reducidos a diamantes, hasta emblemáticas marcas de autos poderosos.
Se hace evidente hasta qué punto los ídolos de ayer nombran satisfacciones de hoy; destapando crudamente que la contracara del ideal es siempre un goce al que es preciso identificar para hacer saber de sus riesgos: ya que en ocasiones, como las de Costa Salguero, ese exceso puede conducir a la muerte…aún sin el individuo proponérselo.
Y vaya esto contra el reduccionismo que indicaría que todos los participantes de las fiestas electrónicas serían adictos. Ya que afirmar tal enunciado implicaría negar lo que el psicoanálisis no deja de comprobar: que en condiciones precisas cualquier acción humana puede advenir una satisfacción. ¡Y que mejor ejemplo de ello que el encuentro producido en las fiestas electrónicas de Uno-en-una-multitud, uno-solo pero con otros (con muchos otros) que forman un conglomerado que solo cobra entidad en la fugacidad, pero no menos intensidad, del compartir las fiestas electrónicas con la música que transporta sus cuerpos producida ‘en vivo’ por los DJ, nuevos ídolos de una generación!

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“¡Debes gozar!” constituye el imperativo categórico del nuevo milenio. Imperativo que muestra -al mismo tiempo que oculta- su faz sacrificial, al imponer a los individuos lo imposible disfrazado de lo que sería posible: no es simplemente que “puedes”, sino que “¡Debes!”. Es la puerta abierta para que algunos, no todos, con o sin el suplemento de substancias tóxicas persigan todas las satisfacciones imaginables, desde las de aquel que sólo quiere sentir su cuerpo vibrar dejando que la música percuta directamente en él -ya sea haciéndose uno en la multitud o haciendo que mágicamente la multitud se desvanezca- hasta aquellos otros que pretenden atravesar todas sus inhibiciones en el encuentro con el Otro sexo -o con el mismo sexo-, o simplemente derribar las barreras al contacto con sus amigos expresando de una vez por todas su afecto por ellos, etc…Siempre, y una vez más, se pretende sentir el cuerpo como nunca antes.
El “¡debes gozar” empuja de este modo a una satisfacción inmediata que golpea el cuerpo una y otra vez en el intento de liberar la mente, su implacable cancerbero…Pero el triunfo sólo es efímero, dura lo que dura la intoxicación. Pero luego…
Esta vez el circuito estalló en nuestras narices, mientras la fiesta convocaba a los individuos a una comunión de goce inefable, los encontró del mismo lado su revés: La muerte cruel e insólita, esa que aturde a los seres queridos, a los amigos, a quienes no entendemos más allá de cualquier razonamiento, cómo es que esto les -es decir- nos ha pasado.


Ernesto S. Sinatra
por TYA – Red Internacional de Toxicomanías y Alcoholismo del Campo Freudiano
por Observatorio de la FAPOL (Fed. Americana para la Orientación lacaniana)“¿Hacia una cultura toxicómana?”


*Agradecemos al autor su generosidad al permitir la publicación de este artículo en el blog de la Red.


Fuente: EOL (Facebook)

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Publicado por

Mercedes Ávila

Psicoanalista. Escritora. Nació en la ciudad de Posadas. Actualmente reside en la ciudad de La Plata, Buenos Aires. Autora de Treinta monedas de plata (en colaboración), y diversos artículos publicados en libros y revistas especializadas. Administradora de los blogs Red Psicoanalítica y Letras-Poesía-Psicoanálisis. Autora de Niebla Roja (blog).

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